Situada en los confines del norte de Sierra Nevada, en Santa Marta, es un antiguo pueblo indígena tayrona cuyo origen data del siglo XVII d.C, pero recién descubierta en 1976 por arqueólogos colombianos, se transformó en un enclave repleto de misterios que turistas de todas partes del mundo se acercan a revelar.

Este parque arqueológico se cree que fue el centro político y manufacturero de los Tayronas, a orillas del río Buritaca, y fue abandonado en 1700 durante la conquista española. Arraigado sobre las derivaciones del Cerro Correa, Buritaca-200 como también se la conoce, combina caminos pedregosos, escaleras, muros interconectados con terrazas donde se encuentran centros ceremoniales, casas y lugares de acopio, reflejos de lo que alguna vez fue sinónimo de vida.

Sin embargo, detrás de Sierra Nevada se esconde otra historia: hasta 2005 fue sitio de milicias locales y cultivos de coca, que dieron paso a una transformación turística catalogada por muchos como la Machu Picchu colombiana, y establecida como una de las Siete maravillas de Colombia.

El río Buritaca es fiel testigo de las elevadas temperaturas, los caminos elevados casi laberínticos y la odisea de más de cuatro horas para llegar al destino ansiado. Pasando por  la Mata de Café, ruinas de un antiguo cementerio indígena profanado, el pueblo indígena Mutanyi y haciendo base en dos campamentos para reponer energías, la odisea de Ciudad Perdida llega a su fin cuando 1200 escaleras de piedra se transforman en preámbulo para luego adentrarse “en el corazón del mundo”, como lo llaman los locales, un sitio místico que protege a los valientes que llegan, y a todo el ecosistema, convirtiéndolo en uno de los paquetes turísticos más atractivos y menos conocidos que merecen la pena vivenciar.