Florianópolis y Camboriú son los principales epicentros de las vacaciones de verano, mientras que Praia dos Ingleses y las blancas Bombas y Bombinhas emergen como las playas más asediadas por el turismo extranjero. En los últimos años se mantienen con fuerza las playas de Ferrugem, adoptadas como propias por los argentinos seducidos principalmente por la movida brasileña.

La naturaleza de verdes morros acechando al mar, los prácticos servicios turísticos que se han desarrollado en apenas dos o tres años, la condición de ser un enclave pequeño pero con todo lo necesario para una estadía fantástica son algunos de los ítems que pusieron a Ferrugem de moda para el verano.

El balneario se encuentra junto a la ciudad de Garopaba y Praia Do Rosa, a 80 kilómetros de Florianópolis. El nombre “Ferrugem” proviene del color ocre que toma el mar cuando hay tormentas, generando un espectáculo natural con el contraste de los morros verdes.

Aguas calmas, pero también olas enormes para surfistas, la calma del día se disfruta en la bahía, mientra que de noche aparece el ritmo frenético con alternativas para los adolescentes: restaurantes, pubs y bares con fiestas hasta el amanecer, la clave de los que optan por esta zona.

La mejor opción para disfrutar de las diferentes playas de Brasil será la del alquiler de carros, para moverse por los diferentes puntos de arena blanca y descubrir el abanico de posibilidades que ofrece el verano carioca. Por ejemplo, hacia el sur, se encuentran las playas con pasado de pueblo de pescadores como Matadeiro y Armaao.

Cachoeiras, a 15 kilómetros de Ferrugem posee hermosas cascadas (cachoeiras en portugués) que son un remanso para el calor y la humedad de los morros. La Encantada y la de Macacu, son las más lindas con piscinas naturales para practicar snorkel.  Praia do Rosas se sitúa a 12 kilómetros. Aguas transparentes saltan sobre las arenas blancas en una bahía de 2 km de extensión para luego vivenciar paseos de ecoturismo, lagunas encantadas y deportes acuáticos para cambiar el paisaje.
Por último, Isla de Coral, a tan solo 50 minutos en barco desde el puerto de Garopaba deslumbra con su faro y contenido arquitectónico barroco.