En la última década, el sector turístico en el país le ha aportado a la economía nacional unos 5 mil millones de dólares en ingresos, además de 1,8 millones de empleos.

Esta ocasión para Colombia corresponde a la suma de muchos factores: la restauración de la imagen internacionalmente, el mayor flujo de inversión extranjera, las mejores relaciones con asociados estratégicos, las incontables campañas que fomentan los diferentes destinos colombianos y, lógicamente, el Pacto de Paz, que puso en el radar de muchos a Colombia como el país que todos deben conocer.

Aún estamos lejos de mercados como México, Argentina, o bien Europa, cuyo número de turistas extranjeros superan los cuarenta y sesenta millones de visitantes por año, por no comentar el impulso económico para sus finanzas. Mas es cierto que el instante no podría ser mejor para convocar a un sector turístico que demanda recorrer Suramérica, y, particularmente, un país que firmó la paz últimamente. La realidad es que la Colombia que se puede recorrer es considerablemente más extensa que la de hace años.

En la etapa de posconflicto, que empieza por estos días, es más simple llegar a destinos como Caño Cristales, en La Macarena; Yopal o bien Puerto Carreño, en el Oriente; Palomino o bien Punta Gallinas, en La Guajira, o bien Tumaco, en Nariño. En tanto que el país prosiga dando pasos, en concepto de infraestructura, con ideas como el plan de modernización de los aeropuertos principales, la construcción de vías secundarias, la ampliación en carriles de las autopistas y troncales y la navegabilidad del río Magdalena, probablemente se acreciente la dinámica del sector.

El factor humano es trascendental en esta ocasión. Aprender mínimo un segundo idioma, profesionalizar y asegurar el estándar en el servicio de toda la cadena de valor del campo turístico y brindar información oportuna (por no decir transparente) al visitante, hacen una parte del ejercicio de competitividad que demanda Colombia. Hay que mirar a países como Rep. Dominicana, que han conseguido afianzarse como potencias en turismo mediante grandes complejos, con servicios de primer nivel.

En ese sentido, recobrar los estímulos para la mayor inversión hotelera y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas en el campo hacen una parte del encadenamiento al que se debe apostar en este instante del país. Nuestros emprendedores tienen una ocasión latente en un ramo que medra en las mediciones de la economía colombiana.