Aún cuando se asocie a Colombia con el peligro, la realidad es que el verdadero peligro radica en enamorarse del país y sus bellos paisajes, de su gente tan amable y cordial, de su gastronomía, de su arte, sus fiestas, su alegría…

Comenzando el viaje por su capital, Bogotá, donde llegan los vuelos internacionales, la cuarta ciudad más poblada de Sudamérica, siendo superada tan sólo por San Pablo, Río de Janeiro y Buenos Aires.  Con una altitud se 2.540ms sobre el nivel del mar, es la tercera capital de mayor altitud del mundo (sólo La Paz en Bolivia y Quito en Ecuador la superan).

En Bogotá funciona un sistema de transporte llamado TransMilenio, que fue inspirado en el sistema brasileño de Curitiba, con carriles especiales y paradas específicas para los ómnibus, facilitando el transporte entre los demás medios de locomoción.

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Es recomendado a todos los viajeros que visiten el Barrio de la Candelaria, que queda en el centro de Bogotá, un barrio histórico y tradicional. La Plaza de Bolívar es también una visita obligatoria; allí se sitúan el Congreso de la República, la Catedral, el Palacio de Justicia y el Palacio Liévano,  donde funciona la Alcaldía.

Los Museos son otras excursiones recomendadas. El Museo del Oro, tiene obras fantásticas pre-colombianas. El Museo Botero tiene 123 obras –entre pinturas, esculturas y dibujos- de Fernando Botero, el famoso artista colombiano, como también de Monet, Renoir y Picasso.

La Catedral de Sal, de Zipaquirá, se localiza en el complejo cultural Parque de Sal, que es un espacio cultural temático sobre la geología y los recursos naturales. Esta catedral fue construida por los mineros a 180 metros de profundidad. Es el orgullo de los colombianos y visitada por viajeros de todo el mundo.

Experiencia: Lucio Brasil